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Mariano Ullúa
Impuesto a la imagen / Mil y 1000
2015

El mundo es el lenguaje con el que se relata a sí mismo.
Los mil modos de decirse sí, de decirse no.
Articular la agonía de la letra es decir sí.
Saturar el significante es decir no.

Un jeroglífico de madera emerge de la pared. Sus cápsulas de sentido poseen articulaciones y están dispersas en el espacio. Las articulaciones deforman a estas aisladas explosiones silenciosas pero, ¿las deforman respecto de qué? Remiten a letras conocidas, es cierto, pero si la cosa es la representación que tenemos de ella, ¿por qué buscar el referente de un referente?

La pregunta adecuada sería: ¿cuál es el mundo del que estas letras hablan?¿Cuál es el mundo que construyen? Se trata de un mundo que tiene mil caras que van del exceso a la delicadeza, y todas remiten a su propia representación.

Las dos publicaciones de Mariano Ullua llamadas Mil y 1000 retienen las primeras mil imágenes –en cada caso: con la palabra y con el número– generadas en una búsqueda a través de esa gran fábula de lo real que es Google. Estas dos series intentan llevar adelante la tarea del héroe mítico, esto es, sacar a la luz nuestros aspectos olvidados.

¿Qué es lo que olvidamos y que estas dos compilaciones de imágenes intentan devolvernos? La constatación de su fuerza, lo caprichoso de su hegemonía, pero sobre todo el cuerpo, la sustancia física de la que está hecha el mito.

Entonces, si este mundo tiene mil caras, aquí el héroe tiene solo una: quiere convertir el significante en un objeto, quiere hacer del símbolo una cosa. En definitiva, quiere darle entidad sólida a la representación.

Como un Ouroboros, el lenguaje se muerde la cola y es domado por la materia.

Mariana Lerner