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El deforme corazón que llevamos dentro

Cuando yo era chica tenía muchos sueños eróticos. Los sueños eróticos de los chicos no son violentos, son encantadores, y recuerdan una etapa pre natal. ¿Cómo eran esos sueños? Formas rosas y amarillas como amebas flotando en una luminosidad vaga, cosas lentas como Montgolfiers desplazándose a través de la imaginación, atravesando caminos nublados de algodón de azúcar, unos colores pastel brillantes que estallaban en un ojo y un personaje de dibujitos, posiblemente Penélope acariciándome el otro párpado. Ver el cromo de la manija de una puerta brillando en la lejanía con una estrellita que después se convertía en el brillo de un diente y una nena en bikini flotando en un colchón inflable verde luminoso en una pileta de agua turquesa. Eso era el erotismo y el amor. Y cada tanto al espectro placentero ingresaba un virus, una deformidad azul con cara de germen de propaganda de producto para lavar baños, y el germen sonreía, con toda la boca abierta.
Constanza Giuliano hace lo que muchxs artistas hacen con ironía, solo que ella lo hace desde el corazón y le sale mejor. ¡Constonzo Giuliani no tiene limites! es la reina de la fraternidad con lo infantil y perverso, está muy en contacto con sus emociones y dice hacer lo que hace le sale de adentro. Usa un vocabulario visual digno de una calesita en Paternal, van y vuelven las figuras pintadas al aerógrafo que recuerdan los juegos infantiles en la peluquería para niños, los dibujitos de un sapo huérfano tristísimo, la mano rosa que acaricia y los chorizos intestinales de los chistes de Jaimito. Hace que todo lo importante parezca tonto y revela la importancia del deseo en la creación artística que es mucha. Es la sonrisa macabra de luz.
Constenza Giulieno hace una obra que se instala en las periferias de los verdaderos grandes temas hace girar esa periferia haciendo ir y venir personajes alrededor de un centro magnético e invisible. Es en la suma de lo pequeño, lo casero, lo infantil y lo barrial donde aparecen y desaparecen las cosas que por acumulación se convierten en lo universal.
El superyó de Canstonza le deja pasar todo, no tiene filtro, es híper permisivo.
Lo deforme, la actividad mental infantil, la auto indulgencia al servicio de la sinceridad ponen en escena una serie de relaciones hermosas y sexualizadas. Nunca una Mafalda tuvo más poder de transformación, vemos una pintura con personajes recurrentes que, por ser recurrentes cambian todo el tiempo. Nos internan en una lógica gusano que atraviesa el espacio del interior al exterior al interior al exterior al ritmo de una serie de viñetas que recuerdan lo que todxs tenemos en común.
Constanza pinta con aerógrafo en líneas sueltas y sedientas, a través de su trabajo sale toda la deformidad de lo no relatado, la cohabitación con los personajes de un imaginario solitario, en donde viven todxs juntxs como si bañaran en una sopa. El sol, el vivir bajo tierra el verde manzana de las paredes de su cuarto, el miedo a la mediocridad, la tristeza y la alegría cotidianas, la diferencia, el estar en otro país, el recuerdo de los amigos reales e imaginarios, la vida y la muerte se unen en un solo relato sobre un autoestima demolido y vuelto a reconstruir, donde lo de adentro vive afuera.

Liv Schulman
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