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Alfredo Dufour (Piedras Palace Vol. 2)
2015

El mundo son tres cosas abatidas.
Todo está vaciado, deshabitado de sí.
Un corazón roto es algo simple.
Un corazón roto es algo simple de ver.

Las imágenes de objetos y ambientes que Alfredo Dufour realiza con el programa Paint de Windows tienen la precariedad del abandono, como si fueran intemperies o chozas de la emoción obedeciendo sin ganas la orden de resplandecer. Entumecimientos visuales del mundo, pequeñas desolaciones; todos son relatos de la deserción del amor contados por una máquina.

Y, se sabe, el dolor no tiene casa, no tiene soporte, de modo que se convierte en una manera general de deprimir e incomodar a las cosas para que, a pesar de su belleza, hablen. Entonces, hablan entre sí los dibujos y los objetos, se recriminan los materiales unos a otros, salen del campo y señalan otras lógicas (el dibujo pide ser leído; el objeto, como una foto, carga huellas de un referente que ya no está). Entablan una relación donde cada pieza decepciona a la otra en un juego de autorreferencialidad e ironía que comienza y termina con el anclaje de la palabra, es decir, en los títulos: No te quiero más, Todas las comidas del mañana y Love me tender.

En la semántica de este mundo de tres cosas una es el mal y, para poder sentirlo, ahí están las flores, y en especial los girasoles, funestas presencias decaídas encargadas de señalar la precariedad de la perspectiva y del equilibrio, encargadas de decir no. Como si todo fuera a desplomarse en un mismo adentro que lleva las cosas a la nada.

La apatía frente a los materiales, la impostación de las escenas, lo verdadero de la sobreactuación melodramática, todos estos bocetos permanentes parecen decir: si sale de una máquina, sale mal. Pero también: si sale de un corazón, sale mal.

Mariana Lerner